Saturday, July 01, 2006

Preparando la vejez
En las salas de espera de un hospital se ven muchas cosas y muchas personas, sobre todo muchas personas. Y se escuchan, aunque no quieras, muchas conversaciones. Hoy, sin ir más lejos he asistido a una de ellas. Una familia comentaba sobre el estado físico de un hombre mayor que había perdido la orientación temporal desde hacía tiempo y lo achacaban a la ausencia de su mujer durante tres meses de casa, por motivos también de salud.

Un hombre solo se desorienta, come -si lo hace- a cualquier hora del día o de la noche. Duerme tambien a destiempo, se aproxima al concepto de "inutilidad". Esa es la realidad. La mujer, sin embargo, mantiene sus hábitos, el orden y el concierto que -sin ella- pasan a formar parte de cualquier tiempo pasado....

Además la dependencia es más intensa en el caso del varón porque nunca supo hacer nada y, de mayor, por si era poco, se le olvida lo poco que sabía hacer. La mujer mantiene la memoria y la habilidad para seguir haciendo lo de toda la vida...

El hombre, al sentirse débil se torna huraño y en exceso exigente. La mujer, es un elemento de sosiego, paciencia y resignación....

Es duro llegar a viejo porque, en esa fase, se acentúa todo lo que fuiste, lo mejor y lo peor.
Aprovechemos el momento para ir diseñando una ancianidad armoniosa para nosotros y para quienes nos rodeen.

Friday, June 30, 2006

Mi infancia transcurrió allí

El verano comenzaba a mediados de junio, al finalizar el colegio. Eran tres meses de vacaciones en ese lugar, a solamente 65 kms de Madrid llamado El Berrueco. Han pasado muchos años ya pero todavía me huele su tierra mojada, todavía oigo los mugidos de las vacas paciendo en la dehesa, el ladrido de los perros en continuo coloquio nocturno, los grillos, la campana de la iglesia, de aquella iglesia ahora de Don Ernesto, luego de Don Juan, Don Manuel, D. Enrique, D. Vicente, D. José María.. ¿Cómo puedo acordarme de todos? No se entendía un verano sin frecuentar la iglesia, convivir con el cura del lugar y cortarse el pelo en la peluquería del practicante de Lozoyuela, nuestro buen amigo Aquilino.

Mi abuela está en el centro de estos recuerdos. Ella era nuestro guardián durante todo ese tiempo de verano. Era ella la responsable de encender la lamparita de aceite cada noche en la sala contigua a nuestro dormitorio y que servía de tenue alumbrado para toda la madrugada.

Era ella la responsable....

El Berrueco es el lugar adonde busco volver siempre. Son tantos los recuerdos que enceuntro en cada calle, en cada casa y en cada callejón que podría llenar cientos de páginas reconstruyendo uno solo de esos peiorods estivales. Allí quise ser torero, sacerdote, médico, cocinero, vendedor en un mercado de comestibles y otras cosas más. Allí sentí la experiencia de vivir en pandilla, la de los "veraneantes". Allí ayudé a crecer algunos cachorros que, salvo excepciones como Pinto, luego tenía que dejar en el pueblo a la vuelta de las vacaciones. Allí seguramente sentí un "afecto especial" por algunas de las niñas que año a año encontraba en los mismos lugares. Allí me enamoré -intensamente- de una muchacha "titiritera" de aquellas que iban de pueblo en pueblo haciendo malabarismos en camiones ambulantes y cuyo espectáculo veiamos en la plaza del pueblo, para lo cual había que llevar la silla de casa, naturalmente de tijera. La acompañé una mañana a por agua a la fuente y le llevé el cántaro. Fue la única expresión de cariño que pude esbozar pero todavía me acuerdo.

Era un tiempo en el que el agua brotaba de un ancho caño las veinticuatro horas del día. Ahora tiene un grifo que, cuando se abre, apenas si deja pasar un hilo. Y ya no hay titiriteras, ni cantaros, ni desinteresados afectos, ni sillas de tijera en la plaza de la picota. Vivimos otro tiempo, más esplícito, menos mágico, menos poético, más patético sin duda.

El Berrueco es el lugar al que siempre quiero volver porque vuelvo a ver a mi hermana, sin silla de ruedas, a mi abuela -doblemente presente-. Oigo el ruido de esa moto que anunciaba desde la distancia la proximidad de mis padres cada viernes. Paseo por las mismas calles en las que convivía con la Sra. Eugenia, Fulgencia, Lucy, Nieves, Petra y Andrés, La Sra. Paulina, Juliana -la de Balbino y la de Anastasia-, la Sra. Claudia.... y otra vez mi abuela. Llevo veinte años sin verla porque se tuvo que marchar al lugar definitivo. Pero viene cada día donde yo esté. Se que le gusta más cuando estoy en el Berrueco pero estoy tan pocas veces. Tal vez, algún día, tambien sea para mí el lugar definitivo.

¿Qué tal si descansamos
un poco?

A veces es necesario parar, detener el ritmo por un instante, unas horas u -ojalá- unos días para recuperar el sentido de las cosas, del trabajo, de nuestras pasiones y "berrinches" casi siempre injustificados. Cuando no paramos, perdemos el rumbo y el engranaje nos arrastra hacia quién sabe donde. En ese momento, ya no somos dueños de nosotros mismos, no tenemos horizonte. Solo actuamos como autómatas a riesgo de perder un jirón de humanidad. Pero las cosas son así no pocas veces en un mundo en el que parece que, a más horas de trabajo, más importante eres o más provechosa es tu vida. Todo lo contrario. Seguramente ese "exceso" actúa en contra de lo verdaderamente impoprtante: tu mujer, tu marido, tus hijos, tus amigos, tú mismo sí, también tu mismpo que te hallas perdido en la vorágine del absurdo y en el fondo, cuanto más importante te crees, menos eres, eres "nadie".
Y así pasan los días, los meses, los años y, con ellos, la vida, tu vida y mi vida, la única y la mejor que tenemos. ¿Por qué? ¿Acaso por atesorar? ¿por creernos más que los demás? ¿Por sentirnos más poderosos? Vivimos como si no fueramos a morir nunca. ¡Qué poca pèrspectiva!, ¡que escasa inteligencia!, ¡qué ridiculo! en realidad. Es como si ese chorro de agua que es nuestra vida se evaporara rapidamente sin humedecer el terreno, sin chocar contra las piedras, sin emitir el ruido de la cascada, sin servir de hábitat para otros seres vivos, sin regar la tierra. Un chorro rápido e inútil. Me pregunto si aún estamos a tiempo para volver al cauce antes de llegar al mar, vacíos a pesar de todo lo atesorado para nada, para nada. La felicidad del pobre, del humilde está en cada gota de agua. Al rico y vanidoso ni siquiera el oceano le satisface y aunque le produjera satisfacción jamás sería suyo.

Thursday, June 29, 2006

Y el Partido Popular también nos traicionó.

Solo han pasado ocho días desde que todos los Partidos menos el PSOE aprobaban la posibbilidad de que los enfermeros practiquemos una "prescripción colaborativa". El Partido Popular, mayoritario en el Senado, votó a favor de estas propuestas.

Los enfermeros españoles confiabamos, pues, en la coherencia política, la ética social y la fidelidad a los "principios y convicciones de sus dirigentes" a la hora de consolidar su posición hoy en el Congreso. Ay, pues, ¿sorpresa?. A la hora de la verdad, traicionando todo eso, se abstienen. Otro bandazo más a añadir a la interminable lista de los despropósitos de una clase política, unas veces ignorante, otras exclusivamente partidista y, casi siempre, desleal a todo y a todos.

Ahora me siento especialmente afectado como enfermero. Me duele y no perdono que se juegue con toda una profesión, que se utilice como moneda de cambio y, encima, que se alardee o se intente presumir de estar al lado de ellos. ¡Mentira! Mentira de unos y de otros, de todos.

Creo que ya, y me ha costado mucho tiempo, se lo que se puede esperar de la clase política. Incluso he vivido algún tiempo muy próximo a esa actividad y, por ello, aún me cuesta más reconocerlo. Pero, si alguien me pregunta a partir de hoy: ¿conoces a fulanito? Sí, ese político /a tan famoso/a la respuesta va a ser: bueno, me suena de algo pero no se si le vi en una película, una obra de teatro, el circo..., Se han ganado mi repulsa, mi olvido y mi mayor desinterés por su actividad.

No puedo con la falta de respeto y, en esta ocasión han sido muchos pero, en primer lugar el Partido Popular quien con su falta de coherencia ha pretendido dejarnos en la estacada. No importa. La profesión de enfermería mantiene y lo seguirá haciendo más si cabe en el futuro su dignidad, absolutamente íntegra. Otros, desde luego no. Allá ellos. A mí no me interesan en absoluto. Solo aspiro a que nos dejen tranquilos para construir un mundo mejor, sin ellos, o mejor dicho, a pesar de ellos.

¿Podremos prescribir los enfermeros?

Mañana será un día decisivo para responder a esta pregunta. A partir de las 0cho de la mañana dará comienzo el Pleno del Congreso en el que ha de debatirse la nueva Ley de Garantías y Uso racional de Medicamentos y Productos Sanitarios. En ella, después de no pocos avatares, todos los partidos políticos, exceptuando al PSOE, han votado favorablemente dos enmiendas que permiten a otros profesionales distintos de los médicos (en este caso, la enfermería) realizar un tipo de prescripción conocida internacionalmente como "colaborativa".

Este modelo -el más restringido de todos- se suma a los ya existentes en Canadá, Reino Unido, Estados Unidos, Nueva Zelanda, Suecia, Dinamarca, Australia, Brasil, Francia, etc en los que las enfermeras pueden prescribir ya sea de forma independiente, autónoma, semiautónoma o con protocolos de grupo.

Pues bien: todos los partidos políticos votaron el pasado día 21 (hace solo una semana) a favor de ese modelo según el cual las enfermeras españolas podriamos autorizar el uso de un catálogo cerrado de medicamentos y productos sanitarios en determinadas circunstancias y siguiendo protocolos previamente consensuados con los médicos. Es decir, tendriamos una cobertura legal para lo que ya estamos haciendo hoy.

El Partido Socialista ha anunciado que no. Algunos sectores se han sumado también a este "grito" sin fundamento alegando argumentos que ocultan intereses de carácter corporativo sobre aspectos que la enfermería ni ha reivindicado ni desea como competencia propia. Es necesario reconocer que, de todas las declaraciones efectuadas, ninguna ha llegado tan lejos como la de la Ministra de Sanidad que ya he comentado, a la hora de batir todos los record de lo ingrato, desagradable y ridiculo.

Mañana veremos el desenlace. Es de suponer que, por seriedad, rigor, coherencia y ética mínima, aquellos que solo hace 0cho días dijeron "digo" no dirán "diego". Pero en política hay quien dice que todo es posible. Confiemos en que, al menos, no se tambalee la moral de los partidos políticos y de sus representantes...

Wednesday, June 28, 2006

La ministra de Sanidad ha realizado hoy unas declaraciones que, para cualquier persona sensata y mucho más para un profesional sanitario como yo, causan verdadero espanto. Preguntada sobre cual es su postura ante una hipotética "prescripción de medicamentos y productos sanitarios" por parte de otros profesionales distintos a los médicos, responde que "se declarta absolutamente en contra" por razones de "seguridad para los pacientes". Es decir que los que permanecemos durante 24 horas al día cuidando a nuestros pacientes, los trescientos sesenta y cinco días del año, con una formación universitaria que -en breve plazo y si esta ministra no lo impide- seremos licenciados, master y doctores, que dedicamos muchas horas fuera de nuestro trabajo para realizar formación continuada, etc, etc ahora, por seguir haciendo lo que ya estamos haciendo, según esta ministra -cuando menos imprudente e ignorante- pasamos a ser un riesgo para los pacientes. Ella, como responsable del Sistema Sanitario y aunque no sabe nada de sanidad, se permite el lujo de agredir, con estas manifestaciones, a 240.000 enfermeros y enfermeras que, mucho antes de que cayera en el Ministerio de Sanidad, ya cuidaban a los enfermos con unos niveles de calidad y excelencia que ojalá tuvieran sus compañeros de partido, por ejemplo, a la hora de no equivocarse a la hora de apretar un botón para votar. Cosa, por cierto, muy compleja y que, según Elena Salgado, ha sido la causa que que en el Senado se hayan aprobado algunas enmiendas que favorecen a la enfermería. ¿Qué se puede decir de esta agresión gratuita y de este menosprecio hacia una profesión que siempre ha estado, está y estará donde debe: al lado de la cama del enfermo, de la familia y de la comunidad para ayudar, para dar vida, para facilitar la existencia, para atenuar el dolor. ¿Cree usted acaso, Sra. Ministra qiue, si la enfermera autoriza a un ciudadano que utilice un determinado tipo de empapador, pongamos por caso, o que tome un analgésico determinado, previamente consensuado y protocolizado con el médico, en determinadas circunstancias preestablñecidas, es decir, eso que en todo el mundo, Sra. Ministra del ramo, se llama "prescripción colaborativa", ¿cree usted que, desde ese momento se pone en riesgo la seguridad de los pacientes? ¿De verdad lo cree así? Porque si esa es la razón de su negativa, Sra. Ministra, debo confesarle que carece de la más mínima noción de como funciona hoy el Sistema Sanitario en España y en los países más avanzados del mundo.
No importa la edad. No importa el sexo, ni el color político de cada uno. Sobre todo no impoprta el color político a la hora de saber de lo que se habla o de no saber nada y tener que hablar mucho. Eso es, precisamente, lo que creo que ha perdido hoy a la Ministra de Sanidad: tener que hablar de lo que se desconoce y demostrar, con ello, que se puede ser ministra, en este caso de Sanidad, generando desconfianza en los profesionales de la salud. La enfermería española sabrá agradecerselo. Supongo que sabrá agradecerselo.

A por ellos. oé:

Se acabó. Otra vez se acabó. Nuestra selección es incapaz de progresar hacia otra cosa más allá de los octavos de final. Creo que no están bastante motivados, que les incentivan poco. Así cualquiera fracasa. Verdaderamente el fútbol no me interesa gran cosa. Es un deporte que nunca practiqué y las pocas veces que he ido a un estadio (siempre en el Bernabeu) ha sido por complacer a mi hijo.

No termino de disfrutar con este ir y venir tras el balón, cuando se las cantidades de dinero que se mueven alredeor de una pelota. Una persona puede pasar toda su vida trabajando duro, muy duro, de sol a sol, ya sea en la construcción, en la fábrica, en la universidad o en el campo. Pero nunca conseguirá ganar lo que algunos futbolistas en un solo mes. Esta es la vida. Y miles y miles de personas, cada domingo, jaleandoles. Ellos son los verdaderos héroes de una humanidad "anestesiada". Me río yo de aquel "fútbol y toros" de mi infancia. Ahora hemos avanzado tanto. Nunca se repitió un programa televisivo como "la clave", no. Ahora la única clave es ¡a por ellos, oé!. Ganamos, pues, en cultura y capacidad de pensar. Nuestra capacidad de análisis no va mucho más allá del próximo partido de modo que, ahora tras eliminarnos Francia habrá que inventar algo fuerte para que sigamos pensando en las cosas verdaderamente serias de esta vida. ¡Qué caramba!. ¿Para qué pensar en nada si ya hay otros que lo hacen por nosotros y además se van ganando la vida con ello?. ¿Qué harían si nos diera por pensar a todos? No, no, no.

¡Que piensen ellos! ¿Verdad Don Miguel? ¿Para qué votamos si no cada poco? ¿Qué importa en qué piensen, lo que digan o lo que hagan -mejor dicho- lo que nos hagan. Mientras que tengamos futbolistas de élite, que cada vez ganen más dinero, que se rían en la cara del pobre mientras esos miles de "pensadores" les aplauden como posesos, ¿que más podemos desear?

Tenemos casa. coche, vacaciones, fútbol, corridas de toros y dinerito para el restaurante del fín de semana. Lo demás, es cosa de otros. ¡Qué esos cuiden de nosotros y nosotros "a por ellos, oé, oé, oé"

Tuesday, June 27, 2006

Se inicia en esta tarde un espacio abierto a todas las opiniones de aquellos que, respetando el derecho de todos a expresarse en libertad, deseen hacerse oir con ánimo verdaderamente constructivo. Unas veces lo haré yo mismo, otras mis amigos o quien quiera comparecer en este lugar de encuentro. Desde este momento os doy la bienvenida. Espero vuetra contribución en cualquier temática pero desde luego en intercambios sobre el desarrollo y los problemas de mi profesión, la profesión enfermera. No quisiera que este fuera un lugar más de quejas y lamentos, ni de victimismos que tan poco nos han ayudado a crecer como profesión. Pero sí un lugar de entusiasmo, de análisis y de propuestas de futuro.